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Enfermedad Cardiovascular, Artritis Reumatoide e Interleucina-6

Dr. Santos Castañeda Sanz

Jefe de Sección                                                                                                                         Servicio de Reumatología Hospital de La Princesa
Universidad Autónoma de Madrid, IIS-Princesa, Madrid 28006                            scastas@gmail.com


La Artritis Reumatoide (AR) es una enfermedad sistémica que afecta a más de 30 millones de personas en el mundo

La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad sistémica que se caracteriza por la presencia de una inflamación persistente de las articulaciones diartrodiales, cuyo resultado final es la destrucción articular con el consecuente deterioro de la calidad de vida. La prevalencia de AR en los países occidentales se estima en torno al 0,5-1% de la población adulta, siendo más frecuente en mujeres. En la actualidad, se calcula que más de 30 millones de personas en todo el mundo padecen AR, lo que conlleva un importante coste económico y social (1,2).
La AR es una enfermedad muy heterogénea, con una fisiopatología extraordinariamente compleja y diferentes grados de participación de los sistemas inmunes innato y adaptativo variables en cada paciente. En cualquier caso, muchas de estas vías fisiopatológicas confluyen en mecanismos efectores finales comunes, entre los que hay que resaltar de manera especial al factor de necrosis tumoral (FNT), la interleucina IL-6 y la IL-17 (3).
La AR se asocia a una serie de manifestaciones extra-articulares y comorbilidades, que producen un incremento de la mortalidad y una disminución en la expectativa de vida (4). En realidad, la existencia de comorbilidad en la AR incrementa la discapacidad, empeora el pronóstico de la enfermedad, así como los resultados en salud al hacer que el paciente se vea metido en circuitos asistenciales reverberantes entre varias especialidades.

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Bloqueo de la IL-6 frente a otras alternativas. Datos comparados

Dr. Antonio Gómez Centeno
Especialista en Reumatología (Hospital de Sabadell, Parc Taulí).
Jefe de Servicio en Reumatología (Hospital Quirón Barcelona).
toni.gomez.centeno@gmail.com    
http://linkedin.com/in/toni-gomez-74609757

Revisión de la evidencia clínica de los fármacos anti-IL-6 disponibles y en desarrollo para la artritis reumatoide. Comparativas de clase entre IL-6 y TNFs (monoterapia, tras TNFs, combo con MTX…) u otras clases terapéuticas

El tratamiento de la artritis reumatoide (AR) ha experimentado importantes cambios durante los últimos 10-15 años. Dichos cambios han venido dados tanto por la aparición de nuevas opciones terapéuticas, por la introducción de los fármacos biológicos modificadores de la enfermedad (bFAMEs) como por el cambio en las estrategias terapéuticas de la AR1-3.

Los bloqueadores del factor de necrosis tumoral (anti-TNF) en combinación con MTX han permitido obtener una muy buena respuesta terapéutica (definida como remisión o baja actividad de la enfermedad) en el 20-50 % de los pacientes a los 6 meses de tratamiento. Si bien esto se puede considerar como un buen resultado, también significa que en el 50-80 % de dichos pacientes la enfermedad permanece activa pudiendo llevar a una discapacidad progresiva.

La interleucina 6 (IL-6) es una citocina pleiotrópica que juega un papel central en la patogénesis de la AR contribuyendo a la activación de los linfocitos T y B, a la estimulación de los sinoviocitos, a la maduración de los osteoclastos y la producción de reactantes de fase aguda. La actividad de la AR se ha correlacionado con la elevación sérica tanto de la IL-6 como de su receptor soluble (IL-6R), por lo que su bloqueo (tanto de la IL-6 como del IL-6R) se considera como una buena diana terapéutica en su tratamiento. Tocilizumab (TCZ) un anticuerpo monoclonal humanizado contra el IL-6R, se aprobó como bFAME para el tratamiento de los pacientes con AR resistentes a MTX u otros csFAMEs, así como para los pacientes con respuesta insuficiente o efectos secundarios tras el tratamiento con anti-TNF. TCZ sigue siendo el único fármaco bloqueador de la vía de la IL-6 aprobado para el tratamiento de la AR, por lo que la mayoría de resultados de los que disponemos en la actualidad están referidos a este fármaco.

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Encaje clínico de los bloqueadores de la IL-6 en los algoritmos terapéuticos de la artritis reumatoide: 6 razones de elección

Dr. Rafael Cáliz Cáliz
Complejo Hospitalario de Granada.
Profesor Asociado de Universidad de Granada. rcalizcaliz@gmail.com

¿Qué es la interleuquina 6 (IL-6)?

La interleuquina 6 (IL-6) en una citoquina multifuncional con un amplio rango de actividades biológicas en la regulación inmune, la inflamación, la hematopoyesis y en la oncogénesis¹. La IL-6 puede estimular la formación del pannus e incrementar la resorción ósea como resultado de la estimulación de los osteoclastos. También tiene acciones sistémicas como la síntesis de la proteína C reactiva (PCR) así como la producción de hepcidina² y la estimulación del eje hipotálamo-hipofisario-adrenal, produciendo anemia y fatiga³.

¿Qué dicen las recomendaciones SER, EULAR Y ACR?

Según las actuales recomendaciones de la SER4, EULAR5 y ACR6, los pacientes con artritis reumatoide que responden insuficientemente al metotrexato (MTX) o a otro FAME sintético, con o sin glucocorticoides, se debería añadir al FAME sintético un tratamiento con FAME biológico. Existe evidencia de que cualquiera de los fármacos biológicos disponibles, incluido el bloqueador de IL-6, confirman la mayor eficacia terapéutica del FAME biológico + MTX frente a la continuación de la terapia con MTX en monoterapia7. Además, el bloqueo de IL-6 es el único tratamiento biológico que ha demostrado su eficacia frente al MTX en monoterapia8.

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Consideraciones de seguridad en el manejo de la AR como enfermedad sistémica

Dr. Federico Díaz González
Departamento de Medicina Interna. Universidad de La Laguna
Servicio de Reumatología. Hospital Universitario de Canariasfederico.diaz.gonzalez@gmail.com

La AR es una enfermedad inflamatoria crónica de naturaleza autoinmune que dejada a su evolución causa dolor y deformidad articular, genera discapacidad y reduce la calidad de vida1. Aunque la AR es una enfermedad esencialmente articular, sus efectos son sistémicos y muchos pacientes sufren comorbilidades que contribuyen a una reducción de la esperanza de vida de entre 5 y 7 años, respecto a los individuos de su comunidad que no padezcan esta enfermedad. Las tasas de mortalidad en pacientes con AR son especialmente elevadas en los pacientes con autoanticuerpos y comparada con la población general, la mortalidad de estos pacientes no parece haber mejorado a lo largo de los últimos 20 años2. Está globalmente aceptado que la principal causa de muerte de los pacientes con AR es la cardiovascular, siendo responsable de este hecho una mezcla entre factores clásicos de riesgo cardiovascular, el efecto de los tratamientos que se utilizan y el efecto aterogénico de la inflamación mantenida3. En la reducción de la esperanza de vida de los pacientes con AR también pueden jugar un papel importante las infecciones y los tumores. Sin embargo, el peso real de estas comorbilidades entre las causas de muerte de los pacientes con AR debería ser objeto de una evaluación más extensa.

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Indicadores de la actividad e la AR/eficacia clínica de los inhibidores de la vía de señalización de la IL-6

santi Dr. Santiago Muñoz Fernández
Servicio de Reumatología del Hospital Universitario Infanta Sofía.
Profesor de Reumatología de la Universidad Europea de Madrid.

Desde hace algo más de 15 años se están usando terapias biológicas frente a distintas dianas terapéuticas en el manejo de la artritis reumatoide (AR) que han demostrado frenar la progresión de la enfermedad y el daño radiológico. Hoy en día, ya es extremadamente raro presenciar las grandes deformidades que estos pacientes sufrían con el paso del tiempo y la mayoría de ellos puede hacer una vida normal.

Sin embargo, alrededor de una tercera parte de los pacientes tratados con fármacos biológicos no responden de manera óptima1 por lo que podemos decir que aun existen necesidades no cubiertas en el tratamiento de esta enfermedad.

Indicadores de actividad y función de la AR: luces y sombras

Los indicadores de actividad y función de la AR son medidas de desenlace que se resumen en la tabla 12. Se pueden dividir en dos grupos y ambos suelen emplearse para la toma de decisiones en la práctica clínica:

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La IL-6 en la Artritis Reumatoide: Mecanismos de acción diferenciales de los biológicos en la artritis reumatoide

Dra.-Silvia-Sanchez-ramon Dra. Silvia Sánchez-Ramón
Inmunóloga Clínica
Departamento de Inmunología Clínica
Hospital Clínico San Carlos
Profesora Asociada de la Universidad Complutense de Madrid

La utilización de medicamentos biológicos ha supuesto un avance espectacular en el tratamiento de la artritis reumatoide consiguiendo la remisión clínica y disminuyendo la actividad inflamatoria de la enfermedad. Uno de los principales objetivos es alcanzar una remisión funcional y biológica mantenida, para lo que es crucial conocer los mecanismos implicados en la patogénesis.

La naturaleza inflamatoria crónica y sistémica de la artritis reumatoide (AR) da lugar a numerosas manifestaciones clínicas que van desde afectación característica articular hasta anemia, astenia u osteoporosis y manifestaciones cardiovasculares diversas. Esta gran variedad de manifestaciones son el reflejo de la multitud de procesos inmunológicos que están teniendo lugar, algunos de ellos de forma subclínica. El desencadenante exacto de la enfermedad se desconoce, pero se produce, en personas genéticamente susceptibles, una inflamación subyacente años antes de la aparición clínica de la enfermedad en la que participa principalmente la inmunidad innata. En este ambiente propicio a la autoinmunidad, agentes externos inducen una respuesta inflamatoria descontrolada principalmente en la membrana sinovial, donde se produce un incremento en la proliferación de sinoviocitos, fibroblastos e infiltración de macrófagos, linfocitos T, B, células plasmáticas, mastocitos y linfocitos NK. La activación de todas estas células promueve la producción de citoquinas proinflamatorias clave, como IL-1, IL-6 y TNF-α por parte de monocitos, macrófagos y fibroblastos sinoviales. Son estas citoquinas las que principalmente orquestan la inflamación en la AR, conduciendo a la destrucción de cartílago y hueso, y promoviendo, por tanto, la persistencia de la inflamación crónica destructiva. Aunque todas ellas participan en el proceso de inflamación, su papel específico es muy diferente en la respuesta inmunitaria que se desencadena.

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